Nosotros propiciamos que el español mengüe
25 junio 2008
La carta al director de un ciudadano argentino, me resultó inquietante, porque desde fuera de nuestras fronteras no entiende por qué denominamos castellano al idioma español: “Nuestra lengua común es el español, mientras que el castellano es el habla, la variante lingüística que se habla en Castilla. Cualquier persona viajada sabe que es así en cuanto rebasamos los límites peninsulares, pero en España los complejos y otras miles de tonterías nos obligan a andarnos con remilgios a la hora de expresar lo que no debería ser objeto de discusión desde, por lo menos, el siglo XIII”.
Santiago González, a propósito de que los idomas son vehículos de comunicación, dice en el diario El Mundo: “¿Puede un viceconsejero de la Xunta de Galicia entenderse con un pekinés (de Pekín)? Sí y sólo si los dos hablan una lengua común. El chino el inglés o el espalñol tienen más probabilidades estadísticas. Podría ser que el chino hubiera estudiado gallego con mucho aprovechamiento, pero sería un caso raro. Si el interlocutor de nuestro héroe fuera ciudadano británico, la cosa sería más extraña aún”.
En el País Vasco todavía se tiene la inercia de considerar el español la lengua de Franco (Arzalluz dixit). La ley de normalización lingüística, que aprobó el Parlamento catalán en 1983, no marcó un punto de equilibrio entre los partidarios del bilingüismo y los del monolingüismo, fue el comienzo de la erradicación del español, la respuesta a lo que denominó Josep Benet como «L´ intent franquista de genocidi cultural contra Catalunya» (Publicacions de l´ Abadía de Montserrat).
Apéndice, la literatura hispanoamericana
En la Literatura Hispanoamericana tratamos con el habla de los países americanos donde sus residentes practican el idioma español. Tenemos dos países excepcionales: el Paraguay donde junto con el español se reconoce un idioma verdaderamente americano, el guaraní, como lengua oficial. El otro caso es los Estados Unidos de América. A pesar de ser el inglés la lengua oficial, residen en él más hablantes de la lengua española que en la mayoría de las otras naciones y también es donde muchos de los más notables escritores de América Hispana en algún momento de su vida han radicado.
La Literatura Hispanoamericana tiene sus comienzos con la llegada de las tres carabelas de Colón. Cierto que en el Nuevo Mundo existían civilizaciones con culturas propias bien definidas. Algunas han logrado sobrevivir, con las que tratamos en la literatura americana. Y todas, de una forma u otra, han influenciado las literaturas de nuestra América Hispana.
Común entre estas literaturas hispanas en América son sus comienzos en las crónicas de los conquistadores y los catecismos de los evangelizadores. Avanzan a un período de transformación, afectado por la influencia española, donde la conciencia criolla se desarrolla en identidad nacional. Y de ahí en adelante es donde se ponen interesantes. Volverán a ocurrir transformaciones, de reflexión cultural, pero cada una de ellas, con cierta influencia de sus vecinos, toma su propio camino. Se vuelven a consolidar en el Modernismo, para sólo después retornar de nuevo a sus rumbos ya trazados.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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