Al Pacino y Ricardo III
24 junio 2008
Hace doce años que se estrenaba la primera película de Al Pacino como director: “Looking for Richard”. Una aproximación, en forma de reportaje, a una de las obras más importantes del repertorio shakesperiano: “Ricardo III”. Indudablemente es una película interesante. Pone fácil al espectador la trama de la ambición de un hombre, capaz de cualquier cosa por llegar a la cúspide del poder. Mezcla ensayos de la respresentación con una compañía de lujo (entre la que se encuentran Kevin Spacey y Alec Baldwin, con monólogos, disertaciones, pensamientos de la calle, comentarios de especialistas, etc., conviertiendo la película en un homenaje de altura al maestro inglés.
Al Pacino está delante de unos estudiantes, que no entienden el inicio de la obra. El actor norteamericano acaba de recitarles el arranque y se lo ha preguntado directamente. Ellos se quedan pasmados y no saben qué decir. Pacino es consciente de que nuestro tiempo necesita formarse para que la sabiduría de Shakespeare cale en lo más hondo. Si no se sabe, por ejemplo, que acaba de tener lugar la Guerra civil de las Dos Rosas en Inglaterra, entre las casas de Lancaster y York, no se puede seguir.
Pacino no es partidario de abaratar el lenguaje del drama. A veces se dice que Shakespeare asusta por lo complicado de sus diálogos, que no son fáciles de entender en una primera audición. “Es verdad -dice Pacino-, pero no por eso vamos a abaratarlo, modernizándolo. También el rap es difícil de escuchar la primera vez, hasta que poco a poco, de tanto oírlo, acaba uno por entrar, por afinar con su estilo. Lo mismo pasa con Shakespeare”. Con lo que afirma que no hay que traducir Shakespeare a nuestra mentalidad, sino auparnos hasta él. Uno de los actores de la película-reportaje comenta en plena fiesta: “Hombre, nosotros decimos: oye, ve allí y tráeme eso”, y Shakespeare diría: “Eh, amigo, ponte las alas de Mercurio y deja que ellas ciñan tus piernas para que alcances el extremo de la habitación…”
Turbadora es la escena en la que los esbirros de Ricardo van a matar al hermano del rey. Nunca se ha escrito mejor sobre el significado de la conciencia. Uno de los dos asesinos duda antes de matar al inocente: “la conciencia acobarda al hombre. Si roba, lo acusa; si jura, le tapa la boca; si yace con la mujer de su vecino, lo publica. Quien quiera vivir bien, debe confiar en sí mismo y vivir sin ella”. Palabra de hombre sin escrúpulos.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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