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“Satisfacer los impulsos primarios, estará siempre en la cabeza de cualquier ejecutivo de la tele generalista”

16 junio 2008

Mariola Cubells, periodista, escritora y Redactora Jefe del Diario ADN.

Pregunta.- Eres autora de dos de los pocos libros que hablan de las mentiras de la tela “Mírame tonto” y “Mentiras en Directo”. Desde entonces, ¿cómo ha evolucionado la televisión?

Respuesta.- Mal, ha evolucionado mal. Hay más cadenas pero en esencia se ha cambiado poco, la misma locura, los mismos contenidos, las mismas tendencias. El modelo de comportamiento no ha variado, es más, yo diría que se ha viciado más. Quedan pocas parcelas donde trabajar de otra manera, con otro “modus operandi”, sin las inercias globales de la tele, que son, creo, nocivas para el bienestar. Hay algunas cosas que merecen la pena pero cuestan mucho de hacer, son bastante anecdóticas…

P.- La televisión es un medio tremendamente invasivo (sólo tengo un amigo sin tele), que parece fuera de control.

R.- Efectivamente, está fuera de control. Tu amigo es una “rara avis” porque lo normal es que la tele llegue al 99% de los hogares. Y además llega siempre a los más débiles, en el sentido total del término, débiles social y económicamente. Personas más influenciables y cuyo único ocio es la televisión. No hay voluntad de controlar nada relativo a la televisión, y cuando alguna voz pretende llamar la atención sobre esto, siempre hay alguien que alerta sobre la supuesta censura y la falta de libertad de expresión (véase el caso de Telma Ortiz, tan tergiversado).

P.- A veces confundimos el termino telebasura aplicándolo sólo a determinados programas pero, ¿puede ser telebasura cualquier programa?

R.- Desde luego. Un informativo impecablemente presentado, un documental, un programa de debate, una película, todo depende de los contenidos que metas en el contenedor. Y, una vez más, la manera de proceder de los que llevan a cabo esos contenidos, la manera de servirlos, de presentarlos, de acceder a ellos.

P.- Triunfa lo amarillo, lo estridente… pero a veces se estrellan con todo el equipo, ha ocurrido últimamente con programas como “Las Gafas de…” ¿Se puede interpretar como  un cambio en los gustos del público?

R.- Me gustaría pensar que sí. En este caso, además, pasaba que el programa era malo en las dos vertientes: la ética, por los contenidos, y la estética, por la factura del programa (un presentador lamentable, unos temas lamentables, y sin casi el morbo que tenía el otro). Pero no creo que se trate de un cambio de tercio. Satisfacer los impulsos primarios, estará  siempre en la cabeza de cualquier ejecutivo de la tele generalista.

P.- Telediarios-espectáculo y programas de entretenimiento planteados como reales, los realityshows, ¿estamos en el mundo al revés?

R.- La esencia, en el periodismo televisivo y en la información, se ha pervertido del todo desde hace algún tiempo. La necesidad de los telediarios de luchar también por la audiencia, la perversión en el lenguaje y el criterio periodístico para separar lo adjetivo de lo importante, han hecho posible ese cóctel lamentable.

P.- Los padres a veces dejan ver a sus hijos programas falsamente blancos, sabiendo que tienen contenidos no adecuados… ¿por qué?

R.- Yo creo que los padres tienen una responsabilidad, y el resto de los profesionales, otra. Cada uno su parte. Del mismo modo que los padres confían en que el potito que toman sus hijos llegue en buen estado a los supermercados, en que el medicamento que le compran en la farmacia no esté adulterado, en que los contenidos del colegio al que va son los correctos, (no se ponen a analizar con lupa todo eso, simplemente están tranquilos), deberían poder fiarse de lo que sale por la tele, de que los horarios infantiles están protegidos de veras por alguien que tiene mayor capacidad que ellos para ese menester. Es decir, los profesionales de la televisión, desde programadotes hasta periodistas de base.

P.- ¿Cómo andamos de porcentaje de espectadores críticos? ¿Cuánta audiencia tiene la sensación de ser utilizada?

R.- Pues creo que espectadores críticos hay bastantes. Quizá menos de los que se necesitarían para variar las inercias, pero bastantes, la verdad, y gracias a su nivel de exigencia, a veces se pueden observar pequeños avances. Yo no puedo ponerme en su piel porque la deformación profesional me hace ser una espectadora atípica, yo no puedo ser inocente ante la tele, no la veo con los mismos ojos que el resto. Yo siempre estoy en alerta, descodificando mensajes.

P.- Los programas intentan hacer que el espectador se sienta parte importante del mismo, con mensajes, llamadas, votaciones… ¿con qué objetivo?, ¿audiencia, fidelización, dinero?

R.- Las tres cosas juntas, y por órdenes distintos en según qué franjas horarias. Es la única manera de mantener a la masa.

P.- Esta página habla de televisión, dinos unas cuantas cosas positivas para terminar con un poco de esperanza.

R.- Hay programas interesantes, divertidos, amenos, profesionales que dedican horas y esfuerzos, hay que saber encontrarlos. Es verdad que la búsqueda requiere tiempo y energías, y a veces una mínima capacidad de discernimiento. Hay que saber buscar un monólogo inteligente, o una ocurrencia, escuchar las palabras sensatas de alguien en un programa minoritario, ver una serie de ficción de alta calidad, escuchar diálogos ingeniosos en un programa de entretenimiento. Hay que saber hacer zapping.

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