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Velocidad y política

31 mayo 2008

Rosa DíezDe todos es sabido que las políticas más veloces, son las que provienen de los estados totalitarios. En ellos, las decisiones terminantes son prácticamente inmediatas con relación a los sucesos ocurridos. En democracia triunfa la negociación y, por principio, ésta es siempre pausada. Un ejemplo reciente lo tenemos en la propuesta del ex presidente estadounidense, Jimmy Carter, que acaba de defender en Israel, el diálogo con Siria y con el movimiento islamista Hamas para alcanzar la paz en Oriente Próximo. “Considero –ha dicho– que es absolutamente crucial que Hamas y Siria estén implicados en un acuerdo final de paz, soñado y deseado por la región”. Está claro que el diálogo costará cefaleas pero, sobre todo, mucho tiempo.

Lo que en democracia jamás puede ser de recibo es equivocar principios. Si estos se resienten, por mucho que exista diálogo, el final será la ruina. Antes de abandonar Munich en el verano de 1938, Hitler y Chamberlain firmaron un documento en el que declaraban su deseo de garantizar la paz mediante la consulta y el diálogo. Sí, los estados europeos dialogaron, pero a costa de un principio: la desmembración de Checoslovaquia en aras de la ambición expansionista de Hitler. En casos tan palmarios, se hace imprescindible la urgencia.

Para acabar con ANV no cabe redefinir lo que es una moción. De ahí el aplauso a Rosa Díez, por sus reflejos y su velocidad a la hora de responder con sensatez ante la manipulación de un principio.

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